Papeles pintados

A menudo percibimos los espacios como algo estático. Sin embargo, un buen diseño vive del cambio. Reacciona a la luz, a las distintas perspectivas y a las personas que se mueven por un espacio. Porque una pared nunca es simplemente un color. Según el momento del día, puede parecer más fría o más cálida, más luminosa o más profunda. Y es precisamente cuando la luz se encuentra con la textura cuando surge toda su magia.

La luz como aliada del diseño

Los colores nunca actúan de forma aislada. Es la interacción con la luz la que les aporta profundidad y carácter. Los delicados relieves, los acabados metálicos y las sofisticadas técnicas de impresión hacen que las superficies absorban y reflejen la luz de maneras diferentes. Así nace una sensación de movimiento, aunque nada cambie realmente. El espacio sigue siendo el mismo. Lo que cambia es nuestra percepción.

La fascinación del efecto moiré

Un ejemplo extraordinario es la colección ECLECTIC by Felix Diener. Su galardonado diseño con efecto moiré reproduce el característico dibujo ondulado que distingue a las sedas más refinadas. Según el ángulo desde el que se observe, aparecen nuevos reflejos que hacen que la superficie parezca casi cobrar vida. Gracias a esta excepcional propuesta de diseño, este modelo de la colección recibió el prestigioso Red Dot Award.

Un color que se resiste a permanecer igual

Pero no solo los estampados pueden transmitir dinamismo. Incluso los diseños lisos, aparentemente sencillos, poseen esa capacidad. En ECLECTIC encontramos superficies que cambian entre el azul, el turquesa y el violeta, o que evolucionan del verde jade hacia reflejos cobrizos. Dependiendo de la luz, revelan continuamente nuevas facetas. Es precisamente esta riqueza de matices la que las hace tan especiales y permite que los espacios sigan resultando interesantes incluso con el paso de los años.

Por qué nos fascinan estas superficies

Quizá porque nos recuerdan a materiales que encontramos en la naturaleza: el agua, que nunca tiene exactamente el mismo color; la seda tornasolada; o el metal, que revela constantemente nuevos matices bajo la luz. Aportan profundidad a los espacios sin imponerse. Y precisamente por eso, las paredes más interesantes no suelen ser las más llamativas, sino aquellas que se transforman sutilmente a lo largo del día.